En el interior de un campamento maoísta: La “ciudad” en medio de la selva de Jharkhand

En 2010, Alpa Shah, profesora de antropología, se unió a un pelotón naxalita que partió en una marcha de siete noches cruzando 250km a través de Bihar y Jharkhand. Un fragmento de su viaje:

Tras hora y media de marcha, un joven vestido de uniforme verde oliva, con un antiguo rifle sobre su hombro, apareció de entre los arbustos. Detrás de él había cinco hombres vestidos de forma similar, unos metros aparte. El primer puesto de guardia hacia nuestro destino, supuse.

“Lal salaam, lal salaam (“saludo rojo”)”, los saludamos uno tras otro, mientras nos estrechaban las manos y levantaban sus firmes puños al aire. El último soldado vestía una camiseta negra con la leyenda: “¡Soy irrespònsable, ineficiente, impredecible, desorganizado, indisciplinado, inmaduro, pero soy divertido!” Un mensaje en claro contraste con la línea disciplinada en la que los soldados se habían formado para saludarnos, me hizo sonreír.

Continuamos caminando, pasando por dos puestos de guardia más, y luego nos adentramos nuevamente en terreno boscoso. De repente, la luz de la madrugada emergió a través de un claro entre los árboles. Parpadeé con incredulidad. Frente nuestra, bañados por la luz del sol y cercados por colinas de granito por tres costados, yacía un colorido espectáculo de caminos entrelazados que se extienden como una tela de araña. Abiertos entre arbustos, los caminos se alineaban a la altura de la cintura con guirnaldas de arcoíris. Papel seda, cortado con cuidado en triángulos, pegado cuidadosamente por docenas de manos a la cuerda de yute. Los caminos se dirigían de una gran carpa a otra.

Anteriormente, en varias ocasiones conocí maoístas en sus campamentos de los bosques de Jharkhand, pero nada me podría haber preparado para esto. Era una pequeña y festiva ciudad en medio de la selva montañosa. Me sentí como si nos hubiéramos topado con Lindon de Gil-galad, el reino de los elfos de El Señor de los Anillos de Tolkien. Muy lejos de los deslumbrantes rascacielos y centros comerciales de Gurgaon levantados para elevarse permanentemente sobre Nueva Delhi, fue igualmente impresionante por su grandeza e impermanencia. Podría desaparecer un par de horas y no sería detectable para el ojo ajeno y sin entrenar.

Las carpas albergaban las distintas secciones del Ejército Guerrillero. También había una carpa médica, una de sastrería y una “sala informática” que consistía en un portátil Dell sucio y con golpes y una impresora gris abollada, todo ello cableado para funcionar con una batería de tractor. En un extremo había una serie de cubículos de pequeñas carpas. Varios agujeros fueron excavados para hacer de letrinas; Uno incluso tenía un retrete de porcelana blanca.

En el centro del entramado había una gran carpa brillante roja y amarilla con un techo verde. Con asientos para al menos un ciento de personas, esta era la sala central de asambleas. Siete fotografías enmarcadas en blanco y negro colgadas en una pared de tela roja. Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao Zedong, todos en línea. Bajo estos gurús internacionales se encontraban Charu Majumdar y Kanhai Chatterjee, los dos líderes naxalitas de la década de 1960 que hoy estos guerrilleros maoístas conmemoran como precursores de la lucha india. Todas las fotografías estaban adornadas con caléndulas. En un rincón de esta pared de fotos, alguien había fijado un rudimentario dibujo hecho a mano de una persona que sostenía un arma contra la cabeza del Primer Ministro Manmohan Singh. Junto a esto había un retrato similar de Sonia Gandhi, presidenta del Partido del Congreso nacida en Italia, que se había casado bajo la dinastía Nehru-Gandhi que, a excepción de algunos años, presidió la política india desde la separación del país del dominio britanico.

En un extremo del campamento, había un gran espacio abierto -un campo- donde se juntaban al menos 200 jóvenes. Un grupo corría alrededor del campo en sentido contrario a las agujas del reloj, esquivando obstáculos cada diez metros. Otro grupo estaba haciendo lo mismo pero corriendo en dirección opuesta. Los del medio estaban en diez líneas disciplinadas, saltando al aire en sincronía de saltos de estrella. Este era el Ejército Guerrillero de Liberación Popular realizando su entrenamiento diario de ejercicios matutinos.

La cocina fue quizás lo más sorprendente por su organización. Sacos de arroz y lentejas apilados uno sobre otro formaban dos muros demarcados, mientras que un riachuelo hacía de tercer límite. Para proporcionar agua potable limpia al campamento, fue excavado ingeniosamente un pozo a un lado del riachuelo, fortificado con grandes piedras y operando mediante un sistema de poleas. En medio de la cocina se habían excavado tres trincheras de diferentes longitudes. Cada una poseía hornos con grandes cacerolas de aluminio encima. El arroz y el dal [lentejas peladas] o el curry de papa en ebullición, supuse. Los hombres jóvenes estaban sentados con las piernas cruzadas en el suelo, rodando chapattis [tortas de pan] para los que no comían arroz.

Nos adentramos en la conferencia del Comité maoísta a nivel estatal, una asamblea que se celebra cada cinco años y que reúne a todos los guerrilleros de los distritos colindantes de los estados de Uttar Pradesh y Bihar. Para algunos, llegar hasta aquí fue una larga caminata de catorce noches. Era difícil saber cuántos miembros en total del Ejército Guerrillero de Liberación Popular asistieron a esta asamblea, cerca de 400, posiblemente. Me contaron que se llevaban a cabo simultáneamente conferencias similares en otras zonas de Jharkhand y en los bosques de la India central y oriental, en Chhattisgarh, Bengala Occidental, Odisha y Andhra Pradesh.

En cada conferencia, se analizan y evalúan las actividades maoístas de años anteriores, se generan planes futuros y se buscan soluciones para los problemas. Este era el lugar donde serían discutidas colectivamente decisiones cruciales, con exhaustivos debates, para finalmente ser sometidos a votación, con la decisión mayoritaria impuesta para todos. Al menos así era en teoría. Originado en la Comuna de París, fue denominado “centralismo democrático” por Lenin, quien lo usó para construir el Partido Bolchevique.

Estas conferencias son también donde se van desarrollando las prácticas maoístas de crítica y autocrítica. Esto eran confesiones y denuncias de errores en público que cada soldado había cometido como intento de reforzar la cohesión y disciplina de grupo llevado a cabo por muchos partidos de inspiración maoísta, desde el Ejército de Liberación Nacional de Zimbabwe hasta los Jemeres Rojos. En la conferencia también se nombraron ascensos y se impartió formación política y militar a los cuadros.

Ante todo, para los líderes maoístas, era un espacio en el que desarrollar nuevamente el sentimiento de comunidad y compromiso con la causa que unió a la guerrilla para reafirmar la solidaridad. Los guerrilleros dispersos, que trabajan en varias partes del país y a veces aislados, se reunieron durante unas semanas, con la idea de fortalecerse, formar y retomar lazos entre ellos. Las expectativas eran crear un microcosmos de la futura comunidad utópica sin castas ni clases por la que todos luchaban.

En contraste con las aldeas adyacentes de la India divididas en castas, en la comunidad guerrillera se eliminaron los nombres de castas; cada individuo se convierte en un camarada, nacido con nuevo nombre. Al tiempo que se muestra respeto hacia los ancianos llamándolos “dada” o “didi” (hermano mayor/hermana mayor) o agregando el sufijo “ji” [sufijo de respeto], las diferencias materiales se eliminan. La idea era que a las personas que llegasen a la guerrilla sin nada se les entregue todo lo necesario para su existencia. Un uniforme y un surtido de ropa sencilla, una manta, una sábana, una lámina de plástico, una mochila y una pastilla de jabón. La división del trabajo según jerarquías de casta, clase y género que existían en el mundo exterior también debía ser erradicada. Los turnos de cocina debían involucrar a todos, hombres y mujeres por igual. Y mientras que los cuadros de niveles inferiores aprendían a leer, los líderes debían cavar letrinas.

(Extraído -con el permiso de HarperCollins- de “Nightmarch: A Journey into India’s Naxal Heartlands” de Alpa Shah. Puedes comprar el libro en este enlace.)

Traducido al español por Redspark.
Fuente (en):Inside a Maoist camp: The ‘city’ in the middle of a Jharkhand forest